Frente a la tendencia generalizada de incorporar inteligencia artificial en suites de productividad, una postura opuesta gana terreno en el ecosistema del software de código abierto: mantener los documentos fuera de servidores externos como principio de diseño, no como limitación técnica.

La Fundación Document, responsable del desarrollo de LibreOffice, declaró que su última versión no incluye funciones de IA generativa de forma predeterminada. La decisión responde a lo que la organización describe como una "posición de diseño deliberada": garantizar que los archivos de los usuarios no sean procesados en infraestructura de terceros y que el software opere sin dependencia de conexión a Internet. El argumento central es que cualquier organización que gestione información sensible —datos personales, documentos legales, registros financieros— debe tener certeza absoluta sobre el destino de esa información. Según la Fundación, la única forma de garantizarlo es que los datos permanezcan en el dispositivo del usuario.

IA opcional, no impuesta

La postura no implica un bloqueo total a la inteligencia artificial. LibreOffice permite conectar el editor con modelos de IA locales mediante extensiones, lo que traslada al usuario la decisión sobre si y cómo utilizar estas capacidades. Esta arquitectura modular separa la funcionalidad base del software de las integraciones de IA, evitando que el procesamiento externo sea una condición implícita del uso del producto.

La Fundación Document ha establecido criterios explícitos que cualquier integración de IA debería cumplir antes de considerarse para inclusión nativa: que los datos permanezcan en el dispositivo, que no exista dependencia de un único proveedor y que el funcionamiento offline esté garantizado. Bajo esos parámetros, ninguna solución disponible actualmente supera el umbral.

El fenómeno de la "enshitificación" como contexto

Esta decisión se enmarca en un debate más amplio sobre la calidad del software empresarial. El término "enshitificación" —acuñado para describir la degradación progresiva de productos digitales por la incorporación de funciones que benefician al proveedor más que al usuario— ha cobrado relevancia entre desarrolladores y equipos de tecnología que evalúan herramientas de productividad.

La integración de IA sin criterios claros de privacidad, soberanía del dato o valor funcional demostrable representa un riesgo operativo concreto para organizaciones con obligaciones regulatorias en materia de protección de datos, como las derivadas del RGPD en Europa o la Ley Federal de Protección de Datos en México. En ese contexto, la decisión de no integrar IA por defecto no es conservadurismo tecnológico: es gestión de riesgo.

Para equipos que evalúan herramientas de productividad bajo criterios de cumplimiento normativo o auditoría de datos, la arquitectura de procesamiento local se convierte en un diferenciador funcional, no en una característica secundaria.