Ante el aumento de escándalos por el uso de inteligencia artificial en la creación literaria —que han derivado en cancelaciones de contratos y retiro de títulos de circulación—, una startup británica obtuvo la aprobación de la Oficina de Propiedad Intelectual del Reino Unido para implementar un sello de certificación que distingue las obras escritas exclusivamente por autores humanos.

El distintivo, con forma de huella dactilar, aparecerá en la portada de los libros certificados. A diferencia de esquemas anteriores de etiquetado que dependían únicamente de la declaración del autor, el proceso de verificación combina análisis automatizado mediante software propio, revisión manual de borradores y materiales de investigación, y declaraciones formales de autoría. El objetivo es identificar lo que la empresa denomina "indicadores de humanidad" en el texto.

Un modelo de verificación con respaldo institucional

Cinco editoriales ya se han sumado a la iniciativa, y el primer título con el nuevo sello está previsto para finales de este año. El esquema opera con una tarifa de membresía fija para los editores, más un costo adicional por cada manuscrito sometido a certificación.

La propuesta responde a una demanda concreta: lectores que quieren elegir con certeza si lo que leen fue escrito por una persona. Esme Dennys, cofundadora de la empresa, lo plantea en términos de acceso a una opción, no de rechazo a la tecnología. "Si quieres leer algo escrito por una persona, deberías poder encontrarlo", señala.

Implicaciones para el mercado editorial

El autor de ciencia ficción Ted Chiang —cuya obra Story of Your Life fue adaptada al cine— aporta una perspectiva que ancla el debate en la experiencia del lector: "El conocimiento de cómo se creó algo no puede separarse de tu experiencia". Esta dimensión emocional y de confianza es precisamente la que el sello busca preservar como activo diferenciador.

Para el mercado editorial de México y Latinoamérica, donde la conexión con el autor y la autenticidad narrativa tienen peso cultural significativo, este modelo de certificación abre una conversación relevante: si la procedencia del contenido se convierte en un atributo de valor, las editoriales que adopten mecanismos de verificación podrían posicionarse con ventaja frente a un mercado que aún no tiene reglas claras sobre la autoría asistida por IA.

La industria editorial global enfrenta una presión creciente para establecer estándares. Esta iniciativa es, hasta ahora, uno de los pocos casos con respaldo regulatorio formal.