Diversificar hacia el sector gastronómico se ha consolidado como una palanca de diferenciación para empresas que operan fuera del ámbito alimentario. En México, esta tendencia se materializa en la apertura de cafeterías por parte de compañías de farmacia, cuidado del hogar y entretenimiento, con objetivos que van más allá de la generación de ingresos: fortalecer el vínculo directo con el consumidor y construir marca desde el espacio físico.

Tres modelos, tres escalas de inversión

El primer caso es el de una cadena farmacéutica que ha inaugurado tres sucursales de su concepto de cafetería, con planes de alcanzar 20 puntos de venta para finales de 2026. El modelo utiliza granos de café de Oaxaca y Veracruz, con un ticket promedio de entre 40 y 55 pesos por bebida. La expansión comenzó en un museo y apunta hacia destinos turísticos como Playa del Carmen, lo que revela una estrategia de visibilidad en zonas de alto tráfico distintas a su red farmacéutica tradicional.

El segundo modelo es efímero: una marca de productos para el baño realizó un evento de cuatro días en la colonia Cuauhtémoc de la Ciudad de México, donde los visitantes podían probar el producto en un baño habilitado y recibir una bebida de cortesía. Este formato pop-up demuestra que los espacios físicos temporales pueden funcionar como herramientas de lanzamiento con un impacto sensorial que la publicidad convencional difícilmente replica.

El tercer caso es permanente y temático: un café vinculado a una licencia de entretenimiento japonesa, ubicado en la colonia Condesa, opera bajo una estética de marca cohesiva que integra decoración, menú y ambientación. El ticket promedio de bebidas oscila entre 80 y 100 pesos, y el menú de alimentos tematizados incrementa el gasto por visita. Este modelo —conocido en la industria como branded experience retail— genera ingresos adicionales al tiempo que produce datos de comportamiento y lealtad de alto valor.

Por qué México acelera esta tendencia

La convergencia entre retail, gastronomía y experiencia de marca no es exclusiva del mercado mexicano, pero su aceleración en el país responde a condiciones específicas: alta densidad urbana, una cultura de consumo centrada en el punto de venta y un segmento de consumidores que prioriza la experiencia sobre el producto aislado.

Para las organizaciones con marcas de reconocimiento masivo, la pregunta ya no es si el sector gastronómico es relevante, sino qué formato —permanente, pop-up o temático— ofrece el mayor retorno sobre la inversión en construcción de marca. Los tres modelos documentados en México presentan niveles de inversión y escalabilidad distintos, lo que amplía el abanico de opciones para marcas que buscan activar este canal sin comprometer su operación principal.