Saber cómo funciona un algoritmo no equivale a controlarlo. Esa es la conclusión central de "Everyday Scrolling: Algorithmic Awareness and Audience Tactics", investigación basada en 56 entrevistas en profundidad realizadas en Argentina, que analiza cómo distintos perfiles de usuarios perciben y gestionan la curaduría algorítmica en sus plataformas digitales.

Las investigadoras Brenda Focas y Eugenia Mitchelstein identificaron un espectro amplio de comprensión algorítmica entre los participantes. Todos reconocieron el término "algoritmo", pero con interpretaciones que van desde asociaciones intuitivas —como la de una coordinadora comunitaria que lo vincula con la recepción de contenido relacionado a sus intereses— hasta explicaciones técnicas en términos estadísticos, como las de un ingeniero agrónomo. Esta variación no es trivial: determina directamente el tipo de estrategias que cada usuario adopta frente a la sobrecarga informativa.

Dos respuestas ante la saturación digital

El estudio distingue dos patrones de comportamiento según el nivel de comprensión algorítmica. Quienes tienen un entendimiento más intuitivo tienden a reaccionar de forma drástica: abandonan plataformas cuando sienten que el flujo de contenido los desborda. Quienes comprenden mejor el mecanismo optan por acciones más quirúrgicas: silencian cuentas, dejan de seguir perfiles o ajustan sus interacciones para modificar lo que el sistema les muestra.

Esta diferencia tiene implicaciones directas para cualquier organización que dependa de audiencias digitales. Si los usuarios más informados son también los que más activamente filtran y curan su entorno digital, las estrategias de contenido que asumen una audiencia pasiva pierden efectividad. La atención no se gana por volumen, sino por relevancia percibida.

Desconfianza tecnológica como variable de fondo

Entre los participantes con menor comprensión técnica, el estudio documenta un patrón recurrente: la creencia de que los dispositivos móviles escuchan conversaciones privadas para personalizar la publicidad. Esta percepción, aunque no respaldada técnicamente, genera un clima de desconfianza que afecta la relación de los usuarios con las plataformas y, por extensión, con las marcas que en ellas anuncian.

Este hallazgo es relevante en un contexto latinoamericano donde la penetración digital sigue creciendo, pero la alfabetización algorítmica avanza de forma desigual. Las organizaciones que operan en este entorno enfrentan un doble desafío: comunicar con eficacia en plataformas cuyas reglas de distribución los usuarios no comprenden del todo, y hacerlo en un ecosistema donde la desconfianza hacia la tecnología puede erosionar la credibilidad del mensaje antes de que llegue.