Ondas sonoras de baja frecuencia como agente extintor: esa es la apuesta tecnológica de Ángela Karime Venegas Hernández, estudiante de 17 años de Altamira, Tamaulipas, cuyo prototipo denominado Vortech Tech fue presentado en la Feria Internacional de Ciencia e Invenciones celebrada en Indonesia. El proyecto, originado como iniciativa escolar en el CETis 78, acumuló reconocimientos en competencias estatales y nacionales antes de alcanzar proyección internacional.

Cómo funciona la tecnología

El dispositivo opera con una batería de 12 voltios e integra cuatro componentes principales: un generador de frecuencias, un amplificador, un altavoz y una cubeta modificada que funciona como cañón acústico. Al emitir una frecuencia de 30 hertz —equivalente a 30 pulsos por segundo—, el sistema genera turbulencias en el aire que forman anillos vórtice capaces de desplazar el oxígeno en la zona de combustión, interrumpiendo así el triángulo del fuego sin necesidad de agua ni agentes químicos.

La inspiración técnica proviene de investigaciones de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa de Estados Unidos (DARPA), que había demostrado el principio del cañón sónico aplicado a la extinción de llamas. Venegas Hernández trasladó ese concepto a un prototipo funcional de bajo costo y con un perfil de impacto ambiental significativamente menor al de los extintores convencionales.

Implicaciones para la industria

Desde una perspectiva de gestión de riesgos, la tecnología acústica para extinción de incendios representa una línea de desarrollo con potencial en entornos donde el uso de agua o agentes químicos resulta problemático: centros de datos, laboratorios, instalaciones con equipos eléctricos sensibles o espacios con restricciones de contaminación. La ausencia de residuos post-extinción es una variable operativa relevante para sectores con altos costos de limpieza y tiempo de inactividad.

Sin embargo, el prototipo aún no ha recibido interés formal de sectores público o privado para su desarrollo a escala. La brecha entre la validación científica en competencias académicas y la adopción industrial sigue siendo el principal obstáculo. El financiamiento para la participación internacional provino del gobierno municipal de Altamira y de la Secretaría de Educación de Tamaulipas, lo que subraya la dependencia del ecosistema de innovación escolar en apoyos institucionales puntuales, sin mecanismos claros de transferencia tecnológica hacia el mercado.

El reconocimiento otorgado por el Embajador de México en Indonesia durante la feria posiciona el caso como un referente de capacidad técnica juvenil, pero también expone una pregunta estructural: cuántos prototipos con viabilidad aplicada quedan sin escalar por falta de puentes entre la educación técnica y la inversión en I+D.