Redefinir quién es un universitario —y qué significa serlo— se ha convertido en una apuesta estratégica para las instituciones de educación superior que buscan mantenerse relevantes ante generaciones que combinan estudios con trabajo, emprendimiento y creación de contenido.

En Brasil, una de las principales instituciones del sector lanzó una campaña nacional estructurada alrededor del concepto 'Multiversitario', que cuestiona la noción de un único camino hacia la formación profesional. La iniciativa reconoce arquetipos reales del estudiante contemporáneo: el que trabaja mientras estudia, el atleta, el creador de contenido, la madre. Lejos de tratarse de un ejercicio de branding superficial, la campaña refleja un reposicionamiento de fondo: la universidad como plataforma de convergencia de intereses, talentos y ambiciones, no como un rito de paso lineal.

Flexibilidad como ventaja competitiva institucional

El lanzamiento se realizó en televisión, medios digitales, publicidad exterior, radio e influenciadores, con timing deliberado: justo antes del Examen Nacional de Educación Media (Enem), el principal filtro de acceso a la educación superior en Brasil. El mensaje central, articulado por el vicepresidente de ventas y marketing de la institución, fue directo: "El Enem abre las puertas de la universidad, pero no debe determinar un destino único".

Esta declaración tiene implicaciones que van más allá de la comunicación. Señala un cambio en el modelo de valor que las instituciones educativas ofrecen: de la certificación como fin último, hacia la adaptabilidad como propuesta diferenciadora. Para cualquier organización que gestiona programas de formación, alianzas con universidades o estrategias de atracción de talento joven, este desplazamiento conceptual es una señal de mercado que vale la pena leer.

Implicaciones para el mercado educativo latinoamericano

La tendencia no es exclusiva de Brasil. En México y América Latina, la presión sobre las instituciones de educación superior para ofrecer esquemas híbridos, rutas de aprendizaje no lineales y reconocimiento de experiencias previas ha crecido de forma sostenida. Según datos del Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC-UNESCO), la deserción universitaria en la región supera el 40%, y entre sus causas principales figuran la incompatibilidad entre los horarios académicos y las obligaciones laborales de los estudiantes.

Las instituciones que logren traducir esta flexibilidad en modelos operativos reales —no solo en narrativas de campaña— tendrán una ventaja estructural en la captación y retención de una generación que no concibe la educación como una pausa en la vida, sino como una dimensión más de ella.