2026, El año en que la IA redefinirá el futuro de la banca
Por: Luis Battilana, Country Manager de Baufest México y Director General de Servicios para la Industria Financiera de Baufest Latam.
Desde hace unos años, la constante evolución tecnológica que vivimos ha demostrado que la banca tradicional debe transformarse para adaptarse a las nuevas necesidades de los consumidores y competir con los nuevos jugadores digitales, que con sus propuestas innovadoras han ganado terreno. Sin embargo, este 2026, los retos son aún mayores para las instituciones financieras, que deben mirar, entender y adoptar con rapidez la Inteligencia Artificial (IA), la cual gana terreno cada día con mayor fuerza para convertirse en ese elemento que detonará una nueva etapa en la forma en que pagamos, ahorramos, invertimos y nos relacionamos con el dinero.
Los hallazgos del informe The Future of Money de Accenture delinean con claridad este cambio. La transición hacia métodos de pago digitales ya era evidente, pero ahora la IA abre la puerta a un nuevo paradigma: los pagos autónomos o agentic payments, con sistemas inteligentes que pueden iniciar, evaluar y ejecutar transacciones sin intervención humana. Esto no es futurismo; es una realidad en desarrollo que ha motivado a que el 79% de las instituciones financieras globales estén probando o piloteando modelos de agentes IA, mientras que en América Latina el interés alcanza el 80%.
Por su parte, los stablecoins, tokens, depósitos tokenizados y futuras monedas digitales de bancos centrales (CBDC por sus siglas en inglés) conviven en un ecosistema cada vez más diverso, por ello no es de sorprender que 41% de los bancos ya ofrezcan servicios basados en criptomonedas, mientras que un 28% trabaja con stablecoins respaldadas por moneda fiat, de acuerdo con Accenture. Este avance ocurre en paralelo a la automatización inteligente que permite operar procesos completos de pago, conciliación, tesorería o verificación en tiempo real.
Pero la gran disrupción no es la tecnología en sí misma, sino su capacidad para ejecutar decisiones financieras dentro de parámetros previamente establecidos. Hoy ya existen modelos donde: la IA actúa como asistente que requiere aprobación humana, es capaz de almacenar credenciales y autocompletar pagos autorizados, ejecutar transacciones con límites definidos, o manejar su propia “billetera digital” con autonomía completa.
En 2026, estos modelos empezarán a coexistir de forma cotidiana, impulsando nuevas experiencias de usuario y redefiniendo el rol de la banca en la vida diaria. Si bien, el potencial es enorme, los riesgos también. En ese sentido, el informe Accenture revela que el 78% de las instituciones financieras anticipa un aumento en el fraude digital asociado a transacciones automatizadas, mientras que el 60% no cuenta aún con un plan de respuesta sólido para enfrentar estos nuevos vectores de riesgo.
En América Latina, donde los incidentes de fraude y ciberataques ya son elevados, la modernización debe equilibrarse con regulación, supervisión y capacidades de análisis de riesgo basadas en IA. La región enfrenta además infraestructura fragmentada, baja interoperabilidad y sistemas heredados que ralentizan la adopción.
Ante este escenario, las instituciones financieras deben acelerar aún más su transformación digital, no solo se trata de adoptar la IA para enfrentar los obstáculos, sino también para emplearla como la aliada que puede fortalecer la ciberseguridad, elevar la resiliencia operativa y mejorar la detección de patrones anómalos en tiempo real.
¿Qué significa esto para el banco del futuro?
La tendencia global sugiere que la banca tradicional no desaparecerá, pero sí debe evolucionar hacia una estructura más abierta, colaborativa y centrada en servicios inteligentes. Apoyados de la IA, los bancos pueden crear experiencias hiperpersonalizadas, donde los agentes anticipen las necesidades del cliente, así como ofrecer operaciones financieras autónomas, con pagos que se ejecutan sin fricción.
Hoy estamos ante la oportunidad de construir una banca abierta ampliada, habilitada por agentes IA capaces de interactuar entre múltiples plataformas, una banca que también cuente con mayor seguridad transaccional, al detectar riesgos proactivamente y que genere nuevas fuentes de ingresos, impulsadas por servicios inteligentes y modelos de suscripción.
El reto para 2026 es que la banca pueda integrar estas capacidades sin perder su principal activo: la confianza. La transparencia, la protección de datos, la gobernanza de IA y la supervisión regulatoria serán determinantes para construir un ecosistema seguro y sostenible.
El desafío se amplifica si consideramos lo que advierte Miguel Ángel Ordóñez, exgobernador del Banco de España, en su libro Adiós a los bancos: la banca atraviesa una presión estructural profunda. Carga con sistemas tecnológicos legados que esperan modernización, enfrenta márgenes cada vez más estrechos por la irrupción de nuevos competidores digitales y lidia con modelos de negocio que evolucionan hacia esquemas de monetización y operación completamente distintos. A ello se suma la necesidad de replantear la relación con los clientes en un entorno donde las expectativas son plenamente digitales exigiendo, además, simplicidad, velocidad y seguridad sin fricciones en todas las transacciones e interacciones. Por ello resulta clave que las instituciones financieras dejen de ver a la IA como una amenaza y la asuman como una oportunidad para redefinir su papel en la economía moderna.
2026 marcará el inicio de una nueva etapa donde los bancos que logren combinar modernización tecnológica, adaptación regulatoria y una visión centrada en el usuario podrán liderar la transición hacia un sistema financiero más inteligente, seguro y accesible.
Lo cierto es que esta transformación será inevitable en el año que inicia, muy probablemente impulsada por los actores más innovadores del sector financiero; y es por esta razón que la IA se perfila como la gran habilitadora capaz de acelerar una digitalización que ya no puede esperar, especialmente para aquellos bancos que han perdido terreno frente a nuevos jugadores y modelos de negocio más ágiles. Si la banca tradicional no quiere quedar rezagada, deberá actuar con rapidez y asumir este impulso tecnológico como una oportunidad para recuperar competitividad y avanzar con firmeza en la carrera de la evolución digital.


