Solo 6.3% de las mujeres mexicanas de entre 18 y 70 años contaba con un seguro de gastos médicos en 2024, según la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF). Pero la brecha no termina en la cobertura: tener un seguro no garantiza recibir atención oportuna. Lo que define la eficacia de un beneficio de salud es qué servicios incluye, cómo se activan y si existe seguimiento después de una consulta o una hospitalización.
Esa fue la tesis central que planteó Claudia Gizela Sosa Ascencio, VP of Product en Sofía, durante el panel La mujer no es un nicho: cómo rediseñar la salud, los seguros y los beneficios, celebrado en el marco de DisruptHer en FINNOSUMMIT 2026. Sosa señaló que ciertas coberturas de maternidad se limitan a un pago posterior al parto, pese a que las necesidades médicas pueden comenzar antes del embarazo y extenderse durante el posparto y el regreso al trabajo. "Hay que escuchar más a las mujeres en los momentos importantes", afirmó, subrayando que la coordinación de citas, estudios y atención hospitalaria es clave para mantener la continuidad de los cuidados.
El problema de los beneficios que nadie usa
La dificultad para activar un beneficio fue otro eje del panel. María Estela Martínez, Head de People en Buk México, señaló que en una misma organización conviven personas de distintas generaciones y etapas de vida, con necesidades que no responden a una oferta uniforme. Su propuesta: revisar los datos de uso para identificar qué prestaciones resultan realmente útiles y comunicar periódicamente cómo acceder a ellas, en lugar de asumir que una presentación al momento de la contratación es suficiente.
Carla Ochoa, Global People Director en Clara, amplió el argumento al plantear que facilitar el acceso es una responsabilidad distribuida en tres niveles. Los proveedores deben simplificar los procesos de solicitud; las áreas de gestión de personas, comunicar los beneficios y generar confianza; y quienes lideran equipos, garantizar que las personas puedan acudir a consultas sin que eso afecte su evaluación o trayectoria profesional.
Implicaciones para la estrategia de beneficios corporativos
Las participantes coincidieron en que la eficacia de una prestación de salud debe medirse también por la posibilidad real de utilizarla. Esto tiene consecuencias directas para las organizaciones: un portafolio de beneficios que no se usa no genera retención ni bienestar, solo costo. La métrica relevante no es cuántos empleados tienen acceso a un seguro, sino cuántos lo activan cuando lo necesitan.
Para etapas de alta demanda médica —embarazo, posparto, regreso al trabajo—, la continuidad de la atención emerge como el indicador más crítico. Diseñar beneficios que acompañen esos ciclos, y no solo respondan a emergencias puntuales, representa tanto una decisión de salud pública como una ventaja competitiva en la atracción y retención de talento femenino.


