Generar 6,500 millones de dólares en ingresos anuales con un portafolio concentrado en lencería y ropa interior es un logro que pocos segmentos del retail pueden igualar. Detrás de esta cifra opera una estrategia de marca que fusiona espectáculo, identidad cultural y aspiración: el desfile de moda deja de ser un gasto de marketing para convertirse en un activo de negocio con retorno medible.
En su edición más reciente, realizada en los estudios de Sony en Los Ángeles, el espectáculo reunió a modelos de renombre internacional —Gigi Hadid, Adriana Lima, Candice Swanepoel, Ashley Graham, Paloma Elsesser y Joan Smalls— junto a actuaciones en vivo de artistas como Megan Thee Stallion y Megan Moroney. El evento atrajo cerca de 2.9 millones de espectadores, consolidándose como uno de los desfiles con mayor audiencia global. En un entorno mediático cada vez más fragmentado, esa capacidad de concentrar atención masiva tiene un valor estratégico difícil de replicar con medios convencionales.
El espectáculo como palanca de posicionamiento
La marca opera en el ámbito de la aspiración y la fantasía cultural, un espacio donde el producto físico representa solo una fracción del valor percibido. Mantener el equilibrio entre lo deseable y lo accesible, entre lo provocador y lo inclusivo, es el desafío creativo que define la dirección de la marca desde hace aproximadamente año y medio bajo su actual dirección creativa.
Uno de los elementos más emblemáticos del espectáculo es el Fantasy Bra, una pieza de lencería adornada con diamantes que funciona más como objeto de relaciones públicas que como producto comercial. Su presentación anual genera cobertura mediática espontánea, amplificando el alcance del evento sin incurrir en costos adicionales de pauta. Es un mecanismo de earned media integrado directamente al guion del espectáculo.
Implicaciones para mercados fuera de Estados Unidos
La influencia de este modelo de marca trasciende el mercado estadounidense. En México y América Latina, los patrones de consumo en moda íntima y estilo de vida muestran una creciente sensibilidad hacia marcas con narrativa cultural sólida. El crecimiento del 5% interanual reportado por la compañía sugiere que la estrategia de espectáculo sigue generando retorno medible, incluso mientras el retail físico enfrenta presiones sostenidas.
Para empresas de consumo masivo, retail o moda en la región, este modelo ofrece una referencia concreta: los eventos de alto impacto, bien ejecutados, pueden funcionar como motores de relevancia cultural con efectos directos en ventas, fidelización y cobertura orgánica. La pregunta no es si replicar el formato, sino qué elementos de esta arquitectura de marca son transferibles a contextos locales con audiencias y presupuestos distintos.



